Me resigno. O algo así.
Un par de meses atrás Mariana había desaparecido, y yo con eso de los límites y las soledades no la pasaba tan chévere sin alguien que me acompañara a caminar o que me escuchara un rato.
Mariana fue mi mejor amiga desde el primer día en la preparatoria.
La conocí la primera semana de clases y a los pocos días su mama ya me daba un aventón a mi casa todas las noches.
Veíamos películas amontonados con sus hermanos en al cama de sus papas, comíamos pizza con sus primos y bailábamos toda la noche en las fiestas con su familia.
Era de esas personas a las que no tienes que explicarles mucho; te entienden con gestos y te consuelan con sonrisas.
Nos veíamos todos los días desde muy temprano, ella llegaba a mi casa cuando yo regresaba del gimnasio, desayunábamos juntos, hacíamos la tarea, caminábamos por Reforma hasta la escuela y todavía ahí nos sentábamos juntos en las clases.
Nos íbamos de pinta al cine, a comer pizza, a comprar discos y a comer sándwiches con limonada.
Nos veíamos siempre en el mismo café, en la misma mesa.
Ella cosía mis jeans rotos y yo le escribía historias.
Era de esas amigas que te abrazan todos los días como si hubieran pasado meses sin verte.
Caminábamos todas las navidades por la calle tomando fotos a los árboles cubiertos de luces.
Era de esas amigas que siempre estaban en los cumpleaños.
Era de las amigas que pasan horas al teléfono contigo.
Era de las amigas que te agregan a sus números frecuentes.
Era de las amigas que te escoge la camisa, te acomoda la corbata y te alborota el cabello.
Era mi mejor amiga.
Mariana decía que uno llega a preferir a sus amigos sobre su pareja por la fragilidad de las relaciones.
Decía que los verdaderos amigos no tienen razones suficientes para mentirse, que siempre tienen tiempo para consolarse y ganas de ayudarse.
Decía que un amigo no te puede ser infiel porque es libre; que un amigo no podía abandonarte sino llevarte a todas partes.
Decía que tener un amigo como yo era como tener al amor de su vida, sin los temores o disgustos del abandono, el engaño o la infidelidad.
Un día fuimos a comer al mismo café al que habíamos ido desde hace 5 años. Se comió una hamburguesa con papas a la francesa, yo una baguette de jamón. Nos tomamos un capuchino, yo tres sobrecitos de azúcar y ella con dos, como siempre.
La fui a dejar a su casa, y ya nunca la volví a ver.
La llame cada día durante los siguientes seis meses. La busqué en su casa, con su familia…nunca contestó el teléfono o abrió la puerta.
En uno de esos momentos de crisis me envió un mensaje de texto diciéndome que no era culpa mía, que ella tenia problemas consigo misma y que un día me explicaría.
Uno no puede olvidar tanto, no es fácil vivir sin saber porqué. La extraño. Me haría inmensamente feliz que un día ella regresara. Pero ese instinto que siempre nos hacia hablar al mismo tiempo y contestar las preguntas del otro de forma automática es el mismo que hoy me dice que no lo hará.
…Just 19 and sucker's dreams
I guess I thought you had the flavor
Just 19 and dream obscene
With six months off for bad behavior
Remember me. Remember me.…
Adios Marianita Rock.
Solo una escapada de la rutina para publicar mis dias en un blog a la deriva del Internet, descargando neurosis y la poca cordura que me queda. Sobreviviente en la Ciudad de México, me gusta meterme por callejones oscuros, los tacos al pastor y desdeñar la doble moral de las personas.
sábado, 27 de junio de 2009
Adiós Marianita Rock
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